Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

domingo, 10 de marzo de 2013

1218

Como premonición a lo que sucedería hoy, el ciclo pasado en una cátedra se asignó a cada grupo un capítulo de un libro a leer, y al nuestro le tocó sobre cómo recibir los cambios inesperados. De algo me sirvió leer que estos se dan quiera uno o no y lo único que queda es poner una buena actitud para con los mismos.

Desde que se nos anunció hace ya poco más de un mes la naturaleza del cambio y las posibles opciones de reasignación, el grupo de trabajo, si bien es cierto la noticia nos impactó y nos dejó fuera de balance por ser algo inesperado, tratamos de hacer las cosas como habían sido hasta antes de el anuncio.

Después de tres años y cuatro meses de efectuar la misma labor con cambios ligeros y estar acompañado de casi el mismo grupo de personas, el cambio de ambiente supone dejar atrás buenas compañías que a través del tiempo logré y que algunas aún después de esto espero conservar ya que tendremos el mismo destino luego.

Como dicen por ahí, lo único constante durante toda la vida es el cambio, y este después de pensarlo tanto, quizá me venga bien. Un cambio de aires, de procesos, de exigencias, de horarios, de compañeros. Un refresco no viene mal después de todo, y, ¿qué me queda? Quejarme no es una opción, esforzarme y tratar de hacer lo mejor, sí lo es.

Mil doscientos dieciocho días y toca reset. Ojalá el reset me deje funcionando bien.


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