¿Que de Nuevo en el Castillo de Cartas? / What´s New in Castillo de Cartas?


El Castillo de Cartas se renueva y vuelve a la carga con nuevas publicaciones, grabaciones y mucha más periodicidad y contacto con el publico... Así que ahora verás un Castillo de Cartas mejorado, y al igual que siempre, cualquier comentario es bienvenido... Déjame saber qué piensas y cómo crees que se podría mejorar... ¡Gracias!
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El Castillo de Cartas its redone and goes back to work with new publishings, recordings and more periodicity and contact with the readers... So, now you will see an improved Castillo de Cartas, and as always, any comment you have is welcome... Let me know what do you think and how you think it can be improved... Thanks!

El día a día de letras, convertido en voz...

Algunos de los escritos del blog en viva voz...

jueves 5 de enero de 2012

Diez segundos

Si se pudiese etiquetar una relación de pareja con tan sólo verla diez segundos juntos, la etiqueta de esta pareja sería simple: Felicidad.

Eran las cinco de la tarde y el frío calaba los huesos que usualmente el Sol tostaba durante el año. Caminaba a casa, en esa ruta usual de junios y diciembres que seguía para no dejar la costumbre de hacer al menos un poco de ejercicio dada mi rutina sedentaria. Tomé la última cuesta de todas las que tenía que pasar para llegar a la colonia y bajando venían ellos, e iniciaron los diez segundos.

Él venía tras de ella, como correteándola, jugueteando y riendo a carcajadas. Ella, dejándose atrapar por él, volteando con mirada enamorada a su dulce perseguidor, tomándolo de las manos, jugando con ellas y poniéndolas alrededor de sí, a lo cual él obedecía veloz y agradado, y siguieron ese rumbo por toda aquella pronunciada pendiente.

No atiné a otra cosa más que a sonreír con su actitud. Sabía por todo lo que habían pasado y que quizá la decisión que tomaron no fue la mejor, pero en esos diez segundos que los pude ver, cualquier otra cosa que pudo suceder antes entre ellos y con el mundo no importaba, eran felices y así se veían, y nada más interesaba. No pude quitarme la sonrisa boba de la cara y cuando pasaron junto a mí sólo pude decir un "¿qué ondas?" al cual él respondió amablemente, sin soltar a su amada del brazo, y siguieron su rumbo.

Seguí el camino y pensé en que, a pesar de todo, si se encontró la causa de la felicidad en una persona, lugar o cosa, nadie te hará desistir de ello, y lucharás con todo por defender esta causa hasta llevarla a feliz término.

Deseé mis diez segundos y pensé en nosotros. Será así un día.

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¡Feliz año nuevo! (5 dias después)

¡Feliz año 2012! El año en que se ha dicho hasta la saciedad en libros, blogs, tweets, programas de TV, películas, conferencias y cualquier cantidad de medios que el mundo terminará. [inserte música dramática]

Este año, recordando los propósitos del anterior veo que casi cumplo los dos (eso es mejor a decir que no hice nada por alcanzarlos, quiero ver el vaso medio lleno), y que trataré que este año sea la continuación de los esfuerzos para alcanzarlos, además de otras metas volantes que tengo este año, y espero en Dios lograr.

Ya mucho los felicitaron y les desearon todas las cosas buenas para su vida en este año, así que yo, simplemente me sumo a ellos (con un poco de atraso, pero cuenta), le agradezco que al menos en una ocasión haya venido a leer y espero que siempre se venga a dar una vuelta por aquí a ver lo que se me pasa por la mente.

¡Éxitos y adelante!

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viernes 23 de diciembre de 2011

Heridas que no cierran

Voy a tiempo hacia el trabajo y el autobús parece hacerme la espera para que pueda abordarlo y seguir mi viaje sin contratiempos. Subo y pago el pasaje, y al pasar la maquinita me doy cuenta que un hombre está parado en el pasillo del autobús, quieto, casi como desubicado y con una maleta frente a él.

Paso junto a él hacia los asientos cerca de la puerta de salida y empieza su discurso. De nuevo pienso, como usualmente lo hago en los buses, que alguna historia se inventará o algún producto mágico sacará de su maleta para ofrecer "la cachada". Y, como pocas veces en estos casos, me equivoco.

El hombre, abotonándose nerviosamente una camisa gris de vestir, empieza a contar al auditorio que ha sido deportado hace tres meses, con su esposa e hijos, y cuenta por todas las cosas que ha tenido que pasar después de regresar para tratar de sobrevivir, como él lo dijo, con "lo más, cinco dolaritos al día". 
Contaba que al regresar no contaba con nadie, que nadie lo esperaba, porque nadie de su familia estaba más aquí. La guerra civil había destrozado a su familia, no había quedado nada después que huyó hacia Estados Unidos para entrar ilegalmente a ese país, y poder escapar de la cruenta realidad.

Al llegar a este punto de la historia, al hombre se le llenan los ojos de lágrimas y se le quiebra la voz. A través de sus lentes gruesos se puede ver que en efecto, no es un puchero, no es mentira, está llorando.

Sigue su historia después de limpiar los lentes, diciendo que ha estado en pláticas con un amigo en la frontera Guatemala - México, y que le dice que es factible cruzarse todo México sin problemas, ya que la legislación ha cambiado, y que está resuelto a irse de nuevo porque aquí "no se puede vivir", y que "en tanto tenga a mi familia, lo tengo todo". Pide que no crean que él es cualquier otro tipo de perdido vicioso que se sube a pedir dinero para eso, y dice un par de palabras en inglés en el mismo sentido.

Agradece la atención, y con paso lento empieza a caminar en el pasillo pidiendo la colaboración. Algunos pasajeros sacamos monedas y le apoyamos, aunque en mi caso particular, piense que la decisión que ha tomado no sea la mejor. Agradece efusivo a los que ayudamos y baja del bus, según dijo, a seguir recolectando para comida para el viaje que ese mismo día emprenderían al Norte él y su familia.

En los minutos que quedan de viaje pienso en que mucho daño que la guerra dejó, aún después de 20 años de firmados los acuerdos de paz, sigue ahí, con sus consecuencias palpables y visibles. Pienso en que esta historia, sea real en el hombre que se subió ese día al autobús o no, sucede demasiado en el país. Gente que perdió familia y bienes en ese periodo, mientras ahora los dirigentes de tal conflicto, de ambos bandos, engordan sus vientres con viandas y retozan con el dinero del pueblo con lujos que estas personas sólo pueden imaginar.

Me da pena pensar en que en este momento, mientras estas líneas se escriben quizá este hombre y su familia están de camino en México, soportando frío, hambre, persecución, mientras los que propiciaron su situación están en casas con aire acondicionado, sin poder dormir por la pesadez del banquete que se dieron hoy, o por la pesadez de su conciencia, que no los deja descansar.

Triste.


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domingo 20 de noviembre de 2011

Marrón y verde

No es lo mismo decir un color que verlo, me dijo, y tenía razón. No intentó describirlo más y me hizo verlo en una imagen única, especial, nunca vista. Lo intangible se hizo visible, se volvió apreciable, fue admirable.
El color jamás pudo ser descrito con palabras, debía ser visto, y así fue, y fue hermoso: Marrón y verde en una justa combinación llenaban el iris de sus ojos, ¡jamás pensé que pudiese ser más perfecto que lo que conocía!

Tenía la certeza de la belleza que guardaba en ellos, era más que obvia. Estoy seguro que cantidades y cantidades de gente le ha dicho ya lo mismo, y hasta bromeamos ese día en que esos ojos han sido hechos para enamorar, justo antes que los viera en detalle. Le pregunté su color "legal", y ella respondió con esa mezcla única a las que las palabras no le pueden hacer el honor.

La vuelvo a ver y me hipnotiza, no puedo decir más. Si pensaba que no podía perderme más en sus ojos, estaba totalmente equivocado, era posible. Sólo los había visto como por espejo, en claroscuro, sin detalles y aún así me habían cautivado sin remedio. 

Lo que sucedió ayer a la madrugada sólo fue confirmación, sólo fue la estocada final a mi corazón por parte de la belleza del secreto de sus ojos. Sus ojos, los mismos que me ven y me dicen que me quieren, los mismos que me hacen soñar, los mismos, sí, sólo esos, nada más.


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miércoles 9 de noviembre de 2011

730

Las cosas con el paso del tiempo pierden su sabor original, la alegría con las que se recibieron al principio no es la misma, se develan aspectos que nunca se pensó que estuviesen presentes y que causan que esa felicidad del inicio no sea más que un recuerdo.

¿De uno mismo depende que esto sea así? En cierta manera, sí, pero no completamente. Hay que hacer el mayor esfuerzo para que los factores externos no afecten nuestro sentir.

Este es uno de esos momentos en que un cambio vendría bien. Hay días que dejo de pensar en que es necesario, y hay días en que lo siento en demasía urgente, tanto como para dejar todo atrás.

En esta cantidad de días he pasado de la alegría a la necesidad de cambio, los días no gratificantes cada vez son más que los que te dejan con una sonrisa y un buen sabor de boca. Un sentimiento que no agrada.

Seguro esta entrada es parte del "ánimo de montaña rusa" que me embarga últimamente, pero, es bueno dejarlo plasmado aquí como antes lo hice sobre el mismo asunto, así uno después recuerda, recapacita, aprende y sigue adelante.

Seguir adelante es lo único que queda.

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domingo 6 de noviembre de 2011

Desenlace

Nos cuentan del desenlace esperado, mas no deseado de la enfermedad. Él ha fallecido. A pesar que la gente se haga a la idea que esto tarde o temprano sucedería, cuando la noticia finalmente llega causa dolor, causa luto, causa llanto, causa desolación.

Cae el atardecer y su cuerpo ha sido trasladado a la funeraria. Nos preparamos a salir a despedirnos simbólicamente. Yo he perdido la idea de cómo uno se debe comportar en estas situaciones porque no suceden a menudo, pero la consternación puede más y me decido a ir.

Llegamos al lugar. Limpiecito y adornado, con algunas personas ya instaladas en el pasillo principal. Subimos las oscuras escaleras que llevan del parqueo al pasillo y nos encontramos con los dolientes. Abrazos y súplicas al Ser Supremo por un poco de fortaleza se reparten. La sola presencia de las amistades se agradece infinitamente.

Llegamos al salón principal y mucha más gente se encuentra alrededor del féretro. Los familiares más cercanos se lamentan y lloran la pérdida, los amigos recuerdan los mejores momentos contándose anécdotas entre sí, se reencuentran viejos conocidos que se han alejado por cosas del destino, del tiempo, de la vida misma; se admira de los pequeños que ya crecieron, que son muchachos y muchachas de bien, o al menos que ya no son los bebés que muchas de las ancianas cargaron una vez. Se repite la misma tónica con pausas de cánticos y rezos y de más gente llegando.

Han pasado un par de horas y me siento al pie de las escaleras del vestíbulo que da al salón principal. Puedo ver desde allí la cantidad de gente que ha asistido, sus expresiones, sus risas, su lamento. Un mosaico de emociones sobre la cerámica blancuzca que sabe Dios qué las causará. Me siento y me pongo en el lugar del que se ha ido de este lugar, y pienso que no todos los que están aquí quizá fueron de su agrado, que quizá sacaría a un par de aquí o les preguntaría "¿y vos que hacés aquí?". Pienso en que valoraría más la presencia de esos amigos que estuvieron con él en el tortuoso camino que llevó a tal suceso, y les daría un abrazo desde la distancia que separa estas dimensiones.

Divago, y llega la hora de partir. Queda ya menos gente en el salón y se quedarán hasta el amanecer. Mañana sucederá el último adiós y será el llanto mayor, el sufrimiento de entregar a la tierra lo que es suyo, el final del camino que todos llevamos.

Anoto en mi mente y en esta bitácora la experiencia y me preparo mentalmente a lo que un día sucederá, primero Dios, no muy pronto.

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domingo 9 de octubre de 2011

Tomados de la mano

Salieron de la iglesia, era un poco tarde y creyó prudente ir a dejarla a su casa. Era una noche de septiembre, de esas en las que a veces llueve de la nada. Esa tarde había llovido y quedaron algunos charcos en la calle con baches que transitaban al salir de allí.

Era su primera novia, él apenas alcanzaba la edad de 14, y ella, apenas 12, pero con ese desarrollo que siempre dicen que les llega antes a las féminas que la hacía ver de la misma edad de él. Sentía esas famosas "mariposas en el estómago" cada vez que la veía, sentía y pensaba. Ella, pues, al final de toda la historia no sentiría igual, pero, en este momento preciso del relato, sentía lo mismo que él.

Su casa estaba a unos 400 metros del lugar donde estaban, así que divagaban y platicaban de esas cosas con las que se fantasea cuando se está profundamente ilusionado. Se hacía cada vez más tarde así que decidieron apretar el paso. Él, con toda la confianza y la gana de presumir, le tomó la mano, a lo que ella asintió y sonrió mostrándole esa sonrisa blanca y profunda que hacía juego con sus labios rosa y su cabello ondulado suelto.

Casi llegaban a la esquina que da a la calle principal cuando, sin darse cuenta por tal distracción de verse uno al otro, una voz irrumpió como rayo entre ellos desde la esquina. Era nada menos que su madre.

Evelyn, el nombre de la madre de ella, era una mujer de severo aspecto, tez blanca, y potente voz de la cual ya sabían que debían cuidarse pero que, esta vez, los había descubierto inesperadamente, poniéndolos en evidencia con esa misma potente voz.

Del puro susto, él sólo veía las manos de Evelyn moverse y agitarse, además de ver sus labios abrise y cerrarse frenéticamente. La ráfaga de maledicencias terminó con un golpe a sus manos aún entrelazadas y llevándose a su hija para seguir con el regaño más cómodamente en su casa que ya estaba cerca.

Él no atinó a nada más que quedarse parado en medio de la calle solitaria normal de las 20:30hrs, pensar en qué rayos había sucedido, y una vez digerido pensar en las consecuencias que le traería. Pensó en ello todo el camino a casa, en casa, y toda la noche.

En las siguientes semanas se ganó más regaños, más insultos, pero la pudo seguir viendo como es usual en esa edad: A escondidas. Pasaron los meses, y aquello ya no era lo mismo. La cuerda se rompió por el lado más delgado y allí terminó su primer amor: Con ella y otro más en la esquina, esa misma esquina que vio sus manos entrelazadas en la noche de lluvia cuando su madre se la llevó de su lado.

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