Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

viernes, 15 de agosto de 2014

Chalequito, el payaso de la 2-C

Este post debí haberlo escrito hace mucho tiempo, pero nunca había sabido su nombre artístico hasta hoy, a pesar de haber disfrutado de su show varias veces de camino de regreso del trabajo.

De vez en cuando a los buses de la ruta 2-C se sube un personaje el cual también hoy me di cuenta que es ampliamente reconocido por los usuarios de esta ruta y a los cuales nos saca monedas a fuerza de chistes, bromas, pasadas y simpatía. Buena manera de sacar monedas para variar de lo usual en nuestro país.

De complexión delgada y ropajes coloricos, tez morena detrás de un poco de maquillaje característico de payaso, cabello fijado con gelatina al mejor estilo de una imitación de Beakman, este hombre empieza su rutina nada monótona para entretener a los pasajeros que van pensando en sus propias cosas, abstraídos de la existencia de los demás.

Con un monólogo que podría rivalizar con los standuperos wannabe del país, lleva su rutina por no menos de quince minutos (y podría decir que a veces es más) con vivencias propias (ficticias o no, pero graciosas al final), cosas que ha visto en sus andares en los autobuses, temas de actualidad política o de farándula y uno que otro chiste de repertorio "clásico". Así, les saca carcajadas a la audiencia en el teatro sobre ruedas, primero tímidas y luego desenfadadas, a las cuales les sigue el sonido de monedas sacudiéndose en los bolsillos cuando empieza su trayecto por el pasillo.

No tengo una foto del individuo en cuestión porque en estos tiempos sacar un teléfono o una cámara en un bus es un deporte extremo el cual no me llama la atención practicar, pero seguro su imagen está bien recordada en la gente a la cual ha hecho reír quizá aminorando los problemas del día, aliviando una tristeza, haciendo olvidar un poco lo malo que pasa.

Demasiadas cosas malas suceden en las unidades del transporte colectivo como para dejar pasar la oportunidad de escribir de algo bueno que me hace sonreír cuando sucede. Además, ya soy su cliente cuando se sube y había que hacerle publicidad.

Algo bueno en los buses, bueno para variar.


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