Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Marrón y verde

No es lo mismo decir un color que verlo, me dijo, y tenía razón. No intentó describirlo más y me hizo verlo en una imagen única, especial, nunca vista. Lo intangible se hizo visible, se volvió apreciable, fue admirable.
El color jamás pudo ser descrito con palabras, debía ser visto, y así fue, y fue hermoso: Marrón y verde en una justa combinación llenaban el iris de sus ojos, ¡jamás pensé que pudiese ser más perfecto que lo que conocía!

Tenía la certeza de la belleza que guardaba en ellos, era más que obvia. Estoy seguro que cantidades y cantidades de gente le ha dicho ya lo mismo, y hasta bromeamos ese día en que esos ojos han sido hechos para enamorar, justo antes que los viera en detalle. Le pregunté su color "legal", y ella respondió con esa mezcla única a las que las palabras no le pueden hacer el honor.

La vuelvo a ver y me hipnotiza, no puedo decir más. Si pensaba que no podía perderme más en sus ojos, estaba totalmente equivocado, era posible. Sólo los había visto como por espejo, en claroscuro, sin detalles y aún así me habían cautivado sin remedio. 

Lo que sucedió ayer a la madrugada sólo fue confirmación, sólo fue la estocada final a mi corazón por parte de la belleza del secreto de sus ojos. Sus ojos, los mismos que me ven y me dicen que me quieren, los mismos que me hacen soñar, los mismos, sí, sólo esos, nada más.


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