Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

sábado, 31 de octubre de 2009

Tarde de Jueves y Destino

Acababa de despertar de una pequeña siesta vespertina y se hacía tarde para ir a estudiar. Me incorporé de manera rápida y me dirigí hacia mi centro de estudios.
Iba en el transporte estudiando para una evaluación que tendría esa tarde y para la cual no había repasado nada por causa de las nuevas ocupaciones.

Eran cerca de las 17:30 hrs cuando pasaron por casa de la dueña de mis coincidencias y como iba concentrado en la lectura del material, ni siquiera voltee a ver a su casa, como usualmente hago.

Eran quizá las 17:45 cuando llegamos al Parque Infantil y antes de bajar del transporte, la vi bajar delante de donde yo venía sentado. Saltó mi corazón y busque de nuevo hablar con ella.

Ella tomo un lado de la calle y yo el otro, aun ella no me había visto. Llegamos a la parada de nuestro siguiente transporte y ella ya estaba ahí presta a abordarlo. Nos vimos, nos saludamos y subimos en el transporte que nos lleva a nuestro centro de estudios.

Platicamos de muchas cosas, más de las que hasta ese día habíamos hablado. Reímos un poco, callamos también un momento y llegó el momento de bajarnos del transporte y llegar a nuestro lugar de estudios.

Seguimos hablando en el poco tramo que tenemos para caminar para llegar a las aulas. Ella tenía que imprimir un archivo (que luego me di cuenta que era su curriculum), y decidí hacerle compañía mientras salía ese archivo, ya que era algo temprano y a ese momento me había resignado a que en esa evaluación no saldría bien.

Supe su lugar de nacimiento (el cual jamás me imagine que fuera el que es) y su fecha de nacimiento (soy un mes mayor que ella) y pude ver sus números de teléfono y su e-mail (los cuales no recuerdo muy bien) los cuales no pedí por pena y para no hacerla pensar que soy un obsesionado loco que le pide toda su información para molestarla a cada momento. Aparte que ese no es mi estilo, no me gusta presionar a nadie a hacer algo solo por diplomacia.

La acompañé un tramo más hacia su aula (la cual quedaba algo lejos de la mía, por eso no la acompañé hasta la puerta de su aula) y nos despedimos con un beso y cumplidos en el parqueo de las astabanderas.

Subí al piso donde tenía mi clase y me repetía a cada momento “¿Por qué no le pediste su número de celular o su e-mail?... si la hiciste de lento, la regaste… el destino te la vuelva a poner en frente tuyo y no podes hacer que sus encuentros dejen de ser solo obra del destino… tuviste el chance, y ahora vas a tener que esperar hasta que otra vez por coincidencia se vuelvan a encontrar… y quien sabe cuándo será eso…”

Tanto me afecto que efectivamente en la evaluación que tuve esa noche no tuve en gran rendimiento y me dio un fuerte dolor de cabeza cuando llegue a casa. No quería hablar con nadie y solo quería dormir, por causa de la evaluación, y por causa de ella.

Dos días después de eso espero encontrarme con ella de nuevo. Quedamos tan bien después de esa plática y ese pequeño tiempo de compartir nuestras vivencias y hablar de nosotros. Quiero desesperadamente volverla a ver, y hacer de verdad que ese sea el último encuentro que nos crea el destino. Tengo muchos vínculos a lo largo del tiempo incluso con su casa que siempre me gustó tanto que pareciera que nos conocemos de hace mucho…

Cuando estábamos en el ciber café sacando las impresiones que ella necesitaba, llegó un compañero de la clase a la cual iba yo y me dijo: “¿Es tu novia?”, a lo cual respondí: “No... pero me encanta la idea…”

Sábado, Octubre 31, 2009

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