Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

jueves, 11 de marzo de 2010

Microbús después de Clases

Parado en el punto de reunión de los microbuses esperaba el próximo en partir. Ya el que estaba en puerta de salida iba sin lugar donde sentarse, así que decidí esperar al siguiente.

Salió el primero, y llego a su posición el siguiente. Lo abordé y quede en el segundo asiento después de la colchoneta (si alguna vez has usado el transporte público, especialmente microbuses en El Salvador, entenderán a que me refiero), y espere a que se llenara como siempre hacen los cobradores a esa hora de la noche.

Rozaban ya las 20:20 hrs y solo quedaban dos puestos aun libres; y de pronto veo salir de entre los humeantes buses que circulan por el centro de la capital, rizos que hacen saltar a mi corazón del gusto y la emoción, se acercaba hacia el transporte donde yo estaba, y esperé que lograra encontrar suficiente espacio para ir en ese mismo transporte.

Logró llegar a tiempo para ocupar el último lugar que quedaba en la colchoneta, justo frente a mí…

La historia con ella se remonta a los tiempos del bachillerato en los que a uno de mis buenos amigos ella le encantaba, pero como siempre suele pasar en esos tiempos, no importando nosotros éramos de 3er año y ella de 1°, por temor, pena o sabe qué cosa, nunca le hablamos, pero siempre admiramos.

Hace algunos meses volví a encontrármela casualmente en los buses de la mañana casi todos los viernes, y seguía igual de linda, con esos rizos que difícilmente se olvidan, y ahora estaba dedicada a trabajar cerca del lugar donde trabajo yo, y esa era la razón por la cual me la encontraba a esa hora.

Cambié horario, y los viernes debía llegar una hora más temprano de la hora que solía irme y que me la solía encontrar, así que la perdí de vista una vez más… Hasta ahora.

Subió y la miré como he hecho todas estas últimas veces que la he encontrado, le di una sonrisa, y ella, tan seria, solo me vio, hizo una mueca de sonrisa, y volteó hacia la calle. Pero después volteo a verme otra vez, como estudiando a ese espécimen que ya le parece conocido de algún lado y que se encuentra tantas veces en el transporte público.

Cruzamos miradas en todo el trayecto que se hizo muy corto. Cerca de su parada, un taxi nos paro bruscamente y el pasajero que iba frente a ella detuvo su rostro en su codo, y ella le dio una sonrisa amable, voltee, y no pude evitar sonreírle, y al fin me devolvió más que solo una mueca de sonrisa, se iluminó la oscuridad de aquel transporte con esos blancos dientes mostrándose a mi mundo por fin…

Después de ese hecho no pude evitar que mis nervios pusieran una sonrisa estúpida en mi cara, y era casi contra mi voluntad, no lo quería pero algo halaba mis labios hacia arriba y los dejaba fijos en una eterna sonrisa, hasta que ella bajo del micro.

Pensé que le daría un bonito final a la historia pero no… Volteé a verla, y simplemente volteó hacia la puerta, y bajó, tal y como había subido… Pasó el microbús y se disponía a cruzar la calle justo frente a mi ventana; yo la llamaba con mi mente para que me viera, pero parece que mis poderes telepáticos han decaído, o ella tiene una mente muy fuerte.

Espero al momento indicado y cruzó, dejándome solo con la visión de sus rizos colgando en su espalda, y su pequeña silueta alejándose por en medio de la calle mientras mi transporte emprendía de nuevo la marcha…

Subí lo que restaba de trayecto a mi casa todavía con la sonrisa estúpida que ella había puesto en mi cara. Bajé, y caminando a mi casa, con la música en la radio pensé que aun cosas tan pequeñas te pueden alegrar un momento en el día. Tome la resolución de hacer un esfuerzo para que esos encuentros sucedan más seguido, aunque piense que no tenga una oportunidad para el amor en ellos… ¿o si?

Jueves, Marzo 11, 2010

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