Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

domingo, 20 de junio de 2010

La Espera

Duicala comía una paleta en una mañana calurosa de domingo, y hablaba sobre todo y nada con Lewart.

Parecía una plática normal, común y corriente como las que usualmente tienen y por las que ella reclama cuando faltan. Acababan de partir de la reunión los otros amigos de ellos, así que estaban de nuevo solos como les gusta conversar.

Llegaron a un tema que a Lewart no le gusta tocar, dado el cariño que siente por ella: El tipo que a ella le gusta, pero que al mismo tiempo no quiere estar.

Como siempre ella le pide consejo, y él quizás es el más indicado ya que la conoce bien. Él le habla de lo que debería hacer, para evitarlo, y bromean aún de que quizá debería darle un chance a ver si así se le quita la fregadera por el tipo. Bromean, y llegan al punto en que Lewart siempre le recuerda, medio en broma, medio en serio, lo mucho que la quiere… y ella ríe, y ella calla, y ella cambia de tema.

Mas después, quizás después de recapacitar o de tener un ataque de cariño, le dice suavemente “Perdoname por lo que pasó con nosotros antes, de veras que la regué…”.

A Lewart le quedan dando vueltas las palabras y sin pensar le pide perdón también, aún sin saber a ciencia cierta de que rayos estaban hablando los dos.

Duicala juega con la corbata de Lewart en medio de la conversación con sus dedos aun con restos ínfimos de chocolate de la paleta que ahora terminó… Siguen así por un momento, como flirteando, puede que si, puede que no.

Sus padres se aprestan a partir y ella debe marchar. Como siempre, es la ultima en subir al auto por causa de las conversaciones con Lewart. Antes de despedirse le dice: “Gracias, sos el único con quien puedo hablar de esto… lástima que no hay tiempo, ¿podemos hablarnos en la semana?” A lo que Lewart asiente, y promete hacer esa llamada, a pesar que los horarios de su trabajo no parece que se lo permitirán.. pero hará el esfuerzo. Eso es seguro.

La ve alejarse, con la silueta que siempre la ha caracterizado, piensa en ella como hace algún tiempo no lo hacía, y él se va a su casa también, pensando en la llamada que hará, en cuán feliz le hace saber que es especial para alguien, aunque también piensa que aun no puede pasar a más todavía…

La peor parte es que Lewart sigue esperando…

Domingo, Junio 20, 2010


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