Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ilusión de Verano

Ella era ideal. Era simplemente un compilado de muchas de las virtudes que él buscaba en una pareja. Inteligente, simpática, bonita, en fin… un dechado de virtudes que la hacían simplemente atractiva para él. Y aún la mejor parte, ella sentía algo así por él.

Se conocieron en su centro de estudios, llevando una clase de su misma carrera. Ahí, él se convenció que ella era un lindo prospecto de persona especial. Desde el principio la química fue impresionante, casi como decir de primera vista. Hablaban como si se hubieran conocido desde años atrás, aún habiéndose conocido solo un par de semanas atrás.

El tiempo pasaba, y lo que comenzó como una bonita, sincera y rápida amistad iba estrechando sus lazos de a poco. Terminó ese semestre, y prometieron volver a encontrarse al siguiente. Era demasiado bueno para dejarlo ir, era demasiado real como para volverlo utópico. Y así lo hicieron.

Ella era un poco mayor, quizá unos cinco años de diferencia, pero su apariencia era de una pequeña niña, tierna, amorosa, cariñosa, tan fácil de amar.

Regresaron al siguiente semestre, y en éste comenzaron a aflorar los verdaderos sentimientos que el tiempo de ausencia, en completo silencio se encargó de incrementar, de fomentar, de simplemente hacerlos salir, sin pena, sin más que la respuesta incierta del otro. Y la respuesta de ambos fue más que cierta al llamado de la pasión, ambos se dejaron ir sutilmente por la pasión. De a poco un roce, de a poco un beso en la mejilla, de a poco las pláticas cambiaban de tono… De a poco la ubicación del beso cambió, una tarde bajo un árbol en el pasillo solitario de los fines de semana, y esa tarde ambos se quedaron sin aliento, como ella le dijo más tarde a él “como hace tiempo no me sucedía” y aplicó para los dos.

Desde esa tarde quedaron prendados el uno del otro. Buscaban la más mínima excusa para poder verse, para poder sentir la presencia del otro, para poder sentir esos besos escondidos bajo la luna de esas noches solitarias en los jardines de aquel lugar, cuando se sentía que alguien los seguía, pero podía más lo que sentían en ese momento.

Acabó el semestre. Antes de terminar, las veces en que podían encontrarse eran cada vez menos, la llama se apagaba en ambos quizá, aunque parecía que comenzaba a hacerlo en él, recapacitaba sobre las circunstancias que los rodeaban, de lo difícil que sería establecer algo con ella, a pesar de el cariño que profesaba por ella. Y acabó finalmente, y no se dijo más, y no se vio nada más.

Hasta el sol de hoy, él no la ha vuelto a ver. Y a veces él piensa que es lo mejor, a pesar de lo que pueda sentir. Era mejor dejarla ir, no hacer más daño con lo que había iniciado en esa tarde calurosa de verano, por no poder cumplir las expectativas que ella quizá en algún momento se trazó con él. Y recapacita que fue mejor así, a pesar de el cariño que él le sigue profesando… Mejor así.

Lastima que todo sucedió tan tarde para los dos. Él quizá no estaría a la altura del compromiso que ella desearía, y ella debía regresar a su vida normal, en su casa normal, con su familia normal, a cuidar de sus niños y su padre, y no con una ilusión de verano más…

Viernes, Octubre 1, 2010

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