Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Una historia de un año.

Quedaba un día para que finalizara el año, un día que se desorientaba en veinticuatro horas, sesenta minutos por cada hora, no parecía demasiado después de haber vivido la historia en un tan sólo año, si miraba en retrospectiva se asombraba, pues parecían pocas cosas en poco tiempo, si miraba en prospectiva solo veía dos imágenes desgastadas por el tiempo, desgastadas por la vida.

Una historia de un año, tres meses de pasiones, de compañía de creación, y de sentimientos, tres meses descubriendo una piel junto a la suya. El pensó que tres meses así eran la vivencia de un pequeño paraíso, pero los paraísos también tienen pequeños incendios que, sino se controlan, terminan en infiernos.

Se vinieron tres meses duros de ausencias, de desiertos áridos y fríos, de palabras al vacío, rotas por la espada del desconsuelo y de ese silencio que uno encuentra mientras busca respuestas. El pensó que todo había pasado, que una historia de seis meses es la que se recuerda en una tarde de bar con los amigos, donde uno siempre termina siendo el héroe que abandono a la amada por amor y no el abandonado en desamor.

Pero no fue así, le vinieron tres meses de recuerdos, mezclas cálidas y frías, mezclas de risas y lágrimas y como todos saben un recuerdo vivo a veces quita la vida, tres meses de recuerdos eran demasiado para él, pero sobrevivió a base de pequeños olvidos, y recuerdos selectivos, porque la memoria es así y la memoria se deja llevar.

Sus últimos dos meses y treinta días se fueron en riñas consigo mismo, en disputarse la razón, en explicarse una y otra vez a sí mismo porque ahogo en un vaso de agua los deseos de buscarle, porque ahora que solo faltaba un día tenía esa loca idea de llamarle y de decirle que necesitaba un abrazo…. Porque los abrazos hacen puentes sobre los abismos. Porque la ausencia creo abismos donde una vez hubo abrazos.

Gracias a Armando Arita (@MyGenius05), por la colaboración de esta entrada en el blog, completamente de su autoría. Y les invito a que visiten su blog: “I wish to be forgotten”

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