Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

miércoles, 8 de junio de 2011

Unos minutos tarde

Eran las 5:30am, y ya parecía un poco tarde para la hora en la que siempre me voy.

Salía del pasaje que da a la calle principal, adonde corren los microbuses que me llevan hacia el centro de la capital y, justamente en frente de mí, pasó velozmente una unidad color verde oscuro, curiosamente con el asiento de atrás completamente vacío, pero "como alma que lleva el diablo". Dije la frase de algunas mañanas, "faac, voy a llegar tarde al trabajo... en fin."

Caminé un poco más, y ya una coaster estaba esperando llenar un poco más. Tranquilamente me subí como todas las mañanas y esperé a que saliera.

Para algunos pasajeros de esta mañana, esta coaster iba especialmente lenta, tanto, que durante todo el trayecto le hacían ver la lentitud con la que nos llevaba, reclamándole al motorista, gritándole, y pegándole al colectivo (¿quién los entiende?).

Todos estos reclamos de pronto se cambiaron en admiración, y silencio. La mayoría de pasajeros que iban en el lado opuesto a donde yo iba sentado pudieron ver esto de primera mano:


Efectivamente, cuando pude volver a ver por la ventana del otro lado del colectivo pude ver que ese veloz microbús que perdí por salir unos minutos más tarde era el que estaba sobre la Av. España, volcado, y con muchos de sus ocupantes siendo trasladados al Hospital Gral. del ISSS.

El motorista de la coaster donde iba rápidamente vociferó a los pasajeros: "¡Vaya!, ¿para eso quieren que uno vaya rápido?". Silencio sepulcral abundó después de eso en el colectivo.

Yo, no pude hacer otra cosa que suspirar, dar gracias a Dios, y twittearlo vía txt.

Bien dicen que "cuando el pijazo no es de uno, no es de uno; y que cuando es de uno, ni como quitárselo". Sólo puedo decir que doy gracias a Dios por haberme atrasado un par de minutos esta mañana, porque, aunque seguro no hubiese muerto, hubiese quedado incapacitado por un buen tiempo, y las molestias no hubiesen sido pocas.

Di gracias a Dios, y las doy de nuevo. Primero Él, así me siga cuidando.

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