Este es el Castillo de Cartas


Un castillo de cartas.
Frágil, si piensa en el que está hecho de naipes.
Interesante, si piensa en uno hecho de epístolas.
Este cae en ambas descripciones.

martes, 23 de agosto de 2011

Corazón original (Parte II)


El aparato en el lugar del corazón hasta ese momento cumplía su labor perfectamente, ya el antiguo con esas migajas de cariño hubiese saltado al infinito, mas con este se mantuvo impertérrito y siguió normalmente con el saludo, frío, tranquilo, como si nunca nada hubiese pasado en sus vidas, nada bueno, nada malo, nada que recordar con sentimiento alguno.

Ella percibió la indiferencia, pero, siguió platicando tratando de disimular la expresión de sorpresa al ver mi reacción. Parecía que, después de estas semanas sin vernos, ella quería recuperar todo lo que perdió en un sólo instante de traición, que quería hacer las pases, que quería recuperar lo que un día existió, mas no sabía del cambio que había sucedido en mi.

Sus esfuerzos eran infructuosos. Buscaba en mis ojos una mirada de amor, y simplemente se perdía en la profundidad de la vaga mirada que yo tenía en esos momentos al escuchar su verborrea justificando sus errores y buscando perdón.

Cansada de ver mi actitud, decidió hacer una última movida desesperada por volverme hacia ella, e inclinándose por sobre la mesita de aquel café, me sujetó el rostro y me dió el mejor beso que recibí en mi vida. Al momento en que sus rosados labios se posaron sobre los mios en aquel arrebato pasional, sentí en mi pecho algo diferente, algo más se movía, algo que no debía hacerlo, o que no sentí antes.

“¡Es la cuarta aguja!”, pensé para mi mismo. Esa aguja misteriosa que no se movía, pero que justo ahora lo hacía, y que me permitió sentir durante ese beso todos los sentimientos que había detenido por todo este tiempo, y me dejó volver a amarla, y me dejó perdonarla en ese instante.

Justo en ese momento pensé que el aparato por el que había cambiado mi corazón falló. El hombre de la muleta me había prometido que este no permitía los sentimientos de ninguna manera, que eso lo hacía mejor opción que el corazón natural, y los sentimientos entraron como en estampida con ese beso desesperado del amor de su vida.

Recordó las últimas palabras del tipo antes de salir del local “Haga buen uso del aparato y así funcionara como le expliqué”. “Buen uso”, ¿cuál habría sido el mal uso que le di?, pensé para mi.

Rapidamente dejé de pensar todo eso, y, una vez rota la presa que sostenía el caudal de mis sentimientos, no hice más que dejarme llevar por el momento. Al momento pude ver la sinceridad que acompañaba al montón de palabras que escuché antes con desdén, no eran sólo palabras al viento. Regresamos a casa, y todo fue como al principio. Todo regresó a la normalidad.

Al siguiente día, desperté temprano para ir al mercado donde cambié mi corazón por el aparato que hoy llevaba en mi pecho, con la esperanza de encontrar al hombre de la muleta. Pude encontrarlo casi al mediodía, había cambiado de local.

La razón de mi visita era simple, quería saber por qué el aparato que me dió había fallado, aun cuando ese hecho no fuese algo por lo que yo estuviese molesto. Cuando me acerqué, el hombre me reconoció y le pareció extraño que le visitara. Le expliqué mis razones, lo que había sucedido, y mi interrogante más grande, “¿por qué si se suponía que no permitía sentimientos, el aparato me había dejado sentir al recibir ese beso, y curiosamente la cuarta aguja se había movido en ese momento?”.

El hombre tomo asiento, y me explicó el funcionamiento de las agujas. Me explicó que al ser cuatro, estas hacian las veces de los ventrículos y auriculas del corazón original, pero que, una en especifico era la que permitía la entrada de los sentimientos, fuesen estos buenos o no, todo esto según una historia antigua que sus abuelos le contaron. Así, el aparato que me proporcionó estaba hecho para que no entrara sentimiento alguno ya que esta aguja que no se movía representaba esa cavidad del corazón. Al no moverse, no funcionaba, y el problema estaba resuelto.

El por qué del fallo. Simplemente me lo explico así: “Hay personas, situaciones, lugares y momentos que nada puede impedir que sean amados por uno, son simplemente así, especiales. Yo le dije que hiciera un buen uso del aparato, pero parece no me hizo caso, ud. volvió a ver a esta persona que le había lastimado el corazón original, y ella simplemente hizo surgir esos recuerdos de una manera tan intempestiva y sincera que el aparato no resistió, y la aguja que controlaba eso cedió, y le permitió sentir de nuevo. No es un defecto del aparato, es operación normal.”

En ese momento entendí que de no haber sido algo sincero, algo real, algo que usualmente le llaman “amor” lo que sucedió aquella tarde en aquel café. esa aguja simplemente hubiese permanecido quieta, y nada más hubiese sucedido. Me convencí que ella era para mí, y que yo soy para ella. Me levanté del banquito donde estaba sentado, y me fui a casa.

Justo saliendo, desde la puerta del local el hombre de la muleta me dijo: “Ahora sabrás de mejor manera como se siente eso que le llaman ‘amor’, una vez esa aguja ha sido desbloqueada, los sentimientos se perciben mejor. Que los disfrutes”. - Seguro lo haré - le respondí, mientras una sonrisa llenaba mi rostro, y amor llenaba ese aparato en mi pecho, que podía volver a llamar “corazón”.

Gracias a @Un_Extra por permitirme colaborar en este cuento al que él puso el principio de la historia, y pude ponerle este final, entre otros finales alternativos escritos por otros blogueros.  Lea también "El Corazón" por @Un_Extra , "Perderlo todo para ganar" por @KR_Accidental y "No puedes huir" por @Carolein121


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